LA AGRO-INDUSTRIA Y EL DESARROLLO ECONÓMICO
Regímenes de apoyo y comercio y pautas de la producción agroindustrial
Las políticas alimentarias y agrícolas nacionales y las políticas de comercio internacional son un factor determinante de la división internacional del trabajo y la distribución geográfica de la producción agrícola y agroindustrial. Es imprescindible realizar estudios sobre las perspectivas de los mercados nacionales e internacional de productos alimenticios y agrícolas para adoptar las decisiones sobre los marcos de política que permitirán a los productores y fabricantes mejorar su competitividad y aprovechar las oportunidades del mercado.
Tienen también importancia decisiva las políticas que influyen en los precios de los insumos y productos tanto para los productores, como para los fabricantes y consumidores. Por ello, se prestará atención a las políticas relacionadas con los impuestos, subvenciones, apoyo directo a los precios y aranceles, a plazos corto y largo.
Los responsables de las políticas se enfrentan con la tentación de ofrecer incentivos o un trato preferencial a las industrias que suministran insumos o a los productores, fabricantes o consumidores finales de los alimentos. Estas intervenciones de política pueden adoptar distintas formas: desgravaciones fiscales a los productores de insumos y productos, subvenciones de los precios de los insumos o los alimentos, precios subvencionados para los productores a niveles relativamente altos, aranceles protectores u otras barreras comerciales internacionales. Antes de adoptar este tipo de medidas es preciso analizar atentamente su sostenibilidad, ya que la historia está llena de ejemplos de consecuencias desastrosas provocadas por la eliminación repentina de tales medidas preferenciales.
| http://www.andina.com.pe/agencia/noticia-agroindustria-y-retail-peru-siguen-atrayendo-importantes-inversiones-510714.aspx |
Es importante que las políticas aplicadas en todos los niveles de los sistemas de producción y elaboración de alimentos sean compatibles y conduzcan a la misma meta. Las intervenciones de política, ya sean impuestos, subvenciones, apoyo o aranceles, deben generar beneficios netos para la sociedad. En otras palabras, la pérdida de ingresos fiscales debida a la reducción de impuestos debe compensarse con creces con un aumento de los puestos de trabajo y los beneficios derivados de la industria; el costo de una subvención debe compensarse con ganancias para los beneficiarios directos e indirectos de dicha subvención; unos precios relativamente altos deben garantizar el aumento necesario de la producción y la expansión de la industria en cuestión, proporcionando beneficios en términos de empleo e ingresos; y la subvención al consumidor final debe producir beneficios netos en términos de nutrición y productividad.
Un aspecto importante de las políticas de protección agrícola es el fenómeno de que los aranceles de los productos agrícolas elaborados son generalmente más altos que los aplicados a sus productos básicos primarios. Esta diferencia de aranceles entre el producto elaborado y su correspondiente producto primario se suele designar como progresividad arancelaria. Desde hace muchos años los países en desarrollo han señalado la progresividad arancelaria como una importante cuestión relacionada con el acceso al mercado y un obstáculo notable a sus esfuerzos por establecer industrias de elaboración. En un estudio reciente de la FAO4 se analiza el impacto de la Ronda Uruguay en la progresividad arancelaria para los productos agrícolas en la UE, Japón y Estados Unidos. El estudio muestra que la progresividad arancelaria ha disminuido como consecuencia de la Ronda Uruguay, creándose oportunidades para que los países en desarrollo diversifiquen sus exportaciones con productos básicos elaborados de mayor valor añadido. Se mantendrán todavía altos niveles de progresividad después de la aplicación de las concesiones de la Ronda Uruguay.
En muchos países en desarrollo, desde épocas coloniales hasta, al menos, comienzos de los años ochenta, se tendió a aplicar los impuestos directa o indirectamente en la agricultura mediante una combinación de medidas que entrañaban la adquisición obligada a precios inferiores a los del mercado, la aplicación de impuestos a los insumos, la subvención de manufacturas y unos tipos de cambio sobrevalorados. Sin embargo, este fenómeno presentaba situaciones muy diversificadas. Por una parte, para las bebidas tropicales, aceites, alcohol y tabaco, frecuentemente en el contexto de una agricultura mal pagada o con altos impuestos, se pagaban subvenciones enormes a la industria elaboradora, que estaba organizada o bien en forma paraestatal (como en Africa), o controlada por multinacionales (como en América Central y Asia) o también se caracterizaba por una estricta estructura oligopolista (como en gran parte de América Latina).
Por otra parte, la aparición de un sector moderno de elaboración de alimentos ha sido retrasada o incluso impedida en muchos casos por la combinación de impuestos agrícolas y subvenciones al consumo que ha caracterizado la política alimentaria tradicional en los países en desarrollo. En particular, los sistemas de distribución de alimentos se han basado en compras obligatorias o subvenciones a la importación, lo que ha reducido simultáneamente el suministro de productos locales y los precios de los productos alimenticios elaborados. De esta forma, se han reprimido artificialmente los incentivos para desarrollar la fabricación local de distintos productos alimenticios, especialmente en sectores como los productos lácteos, la carne envasada y los derivados del trigo. Además, en varios países en desarrollo se ha fomentado indirectamente el auge de una industria interna de elaboración de frutas y hortalizas mediante políticas punitivas adoptadas contra la producción de productos alimenticios básicos. Una política de «abandono benigno» o, en algunos casos, de abierta subvención en favor de los cultivos de regadío ha fomentado así el crecimiento de un complejo agroindustrial dedicado a las frutas y hortalizas en países tan diversos como Marruecos, Turquía, México y Chile. De igual forma, en el caso de las frutas tropicales, muchas empresas industriales nuevas han tenido éxito en la producción de zumos, conservas y productos de frutas para la industria nacional, gracias a la rentabilidad relativamente elevada de estos productos, a los adelantos tecnológicos en los procesos de transformación y a la necesidad de diversificar la producción con respecto al azúcar y otros cultivos de plantación.
Un ejemplo interesante de un desarrollo de este tipo es el del Brasil, donde la producción de zumos de frutas tropicales se ha multiplicado por 20 en los últimos diez años. Estas frutas, que provienen principalmente de las zonas del norte y nordeste del país, se solían consumir en forma elaborada sólo en los mercados locales, debido a que no se disponía de una tecnología que permitiera producir zumos con la estabilidad químicofísica necesaria para mantener las características organolépticas de un producto de nivel comercial aceptable. Este obstáculo tecnológico se superó completamente a lo largo de los años ochenta. Gracias a ello, la industria brasileña de elaboración de frutas tropicales, juntamente con la producción de las mismas frutas, ha crecido enormemente y ha adquirido una parte considerable del mercado de exportación en el que tiene casi el monopolio de algunos productos (por ejemplo maracujá).

Un problema especial de transformación que afecta tanto a las políticas de precios como a la industria de la elaboración de los alimentos es la transición a las economías de mercado de las antiguas economías de planificación centralizada de Europa oriental y la CEI. En ellas, el sistema de precios antes de la transición se caracterizaba por grandes subvenciones a los productores de alimentos y a los consumidores. Aunque aproximadamente los dos tercios de la tierra agrícola pertenecían a explotaciones estatales o colectivas, prácticamente todas las agro-industrias eran monopolios estatales, las cuales prestaban poca atención a la calidad y al desarrollo tecnológico, incluso tratándose de productos que eran fuentes de alto valor para el comercio exterior (como el caviar). El proceso de transición ha modificado el entorno económico eliminando o reduciendo sustancialmente las subvenciones para los alimentos, mediante la privatización de la agricultura y la industria y a través de la des-reglamentación de los mercados locales. No obstante, al no existir un programa completo de liberalización, se han creado nuevos desequilibrios. Las subidas de los precios de los alimentos al por menor frecuentemente no se trasmiten a los agricultores porque la industria elaboradora es libre de utilizar el poder del mercado para obtener beneficios monopolísticos. Al mismo tiempo, los productores locales se enfrentan con una dura competencia de importaciones de calidad superior, como son los alimentos elaborados procedentes de occidente.
La tendencia actual de las políticas agrarias hacia una liberalización y una mayor orientación al mercado abre una serie de perspectivas interesantes para los productores agrícolas y agro-industriales. En un entorno macro-económico internacional caracterizado por una baja inflación y bajos tipos de interés en los países industrializados, el comercio internacional debería recibir un impulso significativo, especialmente para la liberalización de los mercados agrícolas. Las perspectivas de crecimiento son favorables, en especial gracias a la mayor diversificación del consumo alimentario, la tendencia a consumir bienes de elevada elasticidad y la importancia creciente de la comercialización y elaboración. Estos fenómenos podrían provocar una reasignación masiva de los productos agrícolas según nuevas pautas de ventajas comparativas, con arreglo a las nuevas perspectivas del mercado y a las posibilidades que abren la tecnología y la evolución de los gustos.
Además, en muchos países en desarrollo, a partir de mediados de los años ochenta y como consecuencia de la tendencia general hacia una mayor liberalización y orientación al mercado, parece haber surgido una nueva conciencia de la importancia de la agricultura y sectores conexos. En muchos casos, esta nueva conciencia ha coincidido con importantes cambios de política, como la privatización de las empresas gubernamentales de comercialización y elaboración y el final de las subvenciones a oligopolios privados en el sector de los productos básicos. Por consiguiente, parece que existen las condiciones para un crecimiento endógeno de la industria alimentaria nacional, en los casos en que pueden aprovecharse ventajas comparativas. Sin embargo, hay que destacar que, frecuentemente, continúa en los países en desarrollo la discriminación contra las agroin-dustrias nacionales, ya que se han atenuado solamente las políticas discriminatorias, pero no se han eliminado.
Evolución de la tecnología y pautas del consumo alimentario
Otros factores que configuran el futuro de la producción y comercio agroindustriales son la evolución de la tecnología y las pautas del consumo de alimentos, las cuales son más perceptibles en los países industrializados. A este respecto, el desarrollo tecnológico en la agricultura está pasando por una fase de transición de gran interés. Por otra parte, las mejoras en las técnicas de producción basadas en innovaciones químicas y mecánicas tradicionales han permitido incrementar excepcionalmente los rendimientos y mejorar mucho la calidad, principalmente en lo relativo a la homogeneidad de los productos y a la ausencia de defectos físicos. Además, en tiempos más recientes la investigación y tecnología agrícolas tienden a modelos diferentes, basados principalmente en innovaciones de tipo biológico y biotecnológico, así como en tecnologías modernas de elaboración.

Aunque hasta ahora las mejoras en la productividad y los precios logradas mediante innovaciones en la elaboración han tenido una importancia extraordinaria en la agricultura primaria y se han transferido fácilmente al sector industrial, empiezan a materializarse también innovaciones en los productos. Aunque la mejora resultante en la variedad y calidad de los productos finales no va necesariamente paralela a una reducción de los costos, es de esperar que las innovaciones incrementen la eficiencia de la agroindustria y, mediante el correspondiente aumento de la demanda de insumos agrícolas por parte de la industria elaboradora, contribuyan a mitigar la tendencia a la reducción de los precios con que se enfrentan los productores primarios.
El pescado y otros productos marinos y acuáticos, cuyo suministro se ha intensificado y ampliado gracias al crecimiento de la acuicultura y otras técnicas de cría, se han convertido en alimentos que pueden elegir en su dieta los consumidores de ingresos más altos en los países desarrollados. Otro aspecto de esta tendencia es la valoración de características de los alimentos que se relacionan con métodos «primitivos» o «naturales» de producción. Además, forma parte de esta tendencia la agricultura biológica, que se basa en actitudes ecológicas y juicios de valor sobre las características intrínsecas de los alimentos, así como la tendencia a consumir productos más nutritivos, que posean también otras propiedades dietéticas convenientes. Estos variaciones en las pautas alimentarias de los grupos de ingresos medios de los países desarrollados representan un cambio de actitud que probablemente tendrá profundas consecuencias en las orientaciones de la producción alimentaria.
Asimismo, la tecnología moderna de la producción de alimentos tiende a multiplicar la variedad de productos derivados de los originales y naturales. Están proliferando artículos que incorporan innovaciones en su forma, color y propiedades organolépticas y de conservación, los cuales están inundando los supermercados y ofrecen a los consumidores diversas posibilidades de elección. El retorno a la «naturaleza» y al carácter artesanal del alimento original se complementa así, en forma un tanto paradójica, con un aumento del carácter artificial de estos nuevos productos, especialmente los de mayor refinamiento industrial. En este caso, el desafío para la industria alimentaria es cómo tratar de conciliar ambas tendencias mediante innovaciones en la elaboración y en los productos.
Una cuestión que se ha de considerar es la medida en que estos cambios en las pautas del consumo y la importancia creciente de los alimentos trasformados o elaborados en el consumo total de alimentos pueden influir en la inocuidad para el consumidor. Es indudable que las agroindustrias han contribuido a mejorar la calidad, variedad, valor nutritivo e inocuidad de los alimentos. No obstante, puede haber riesgos de infección alimentaria en todas las etapas de la elaboración industrial de los mismos: producción, transformación, envasado, almacenamiento y transporte. Asimismo, si no hay un buen control, el refinamiento mayor del producto implica la adición de conservantes, aditivos y otras sustancias que elevan su valor de mercado, pero pueden ser fuente de riesgos mayores para los consumidores. Otro factor que influye en la calidad e inocuidad de los alimentos es la intensificación de su comercio como consecuencia del proceso general de interdependencia de los sis-temas agroalimentarios (véase la sección Internacionalización de los sistemas agroalimentarios, pág. 253) y factores como los cambios en los gustos y preferencias hacia productos importados que tienen buena publicidad, así como la mayor demanda de alimentos de fácil preparación. No obstante, la intensificación de las corrientes comerciales hace que sea mayor la exposición potencial de los consumidores de una parte del mundo a los problemas de calidad e inocuidad de los alimentos procedentes de otras regiones. El transporte rápido y la prolongación de la conservación en almacén pueden hacer que alimentos contaminados lleguen a su destino más rápidamente y se mantengan en el mercado durante más tiempo, afectando así a un número mayor de consumidores. Estos problemas subrayan la importancia de disponer de normas alimentarias y mecanismos adecuados para una vigilancia y seguimiento rigurosos de la calidad e inocuidad de los alimentos elaborados de procedencia tanto interior como exterior.
Evolución de la agroindustria y países en desarrollo
La evolución de la agroindustria internacional que se examina en este estudio tiene consecuencias para los países en desarrollo y les ofrece la posibilidad de desarrollar sus sectores agroindustriales. Así pues, por una parte, es de esperar que el proceso gradual hacia una mayor liberalización del comercio y orientación al mercado de las políticas nacionales de los países desarrollados ofrezca oportunidades mayores a los países en desarrollo. Por otra, la necesidad de adaptar la producción a unas necesidades cada vez más específicas y exigentes de estos mercados constituye un desafío para la agricultura y la agroindustria de los países que desean abastecerlos. En efecto, el éxito de varios países en desarrollo en la expansión de su producción y exportaciones agroindustriales ha dependido en gran medida de su capacidad de satisfacer las exigencias de los mercados de países desarrollados.
Una característica del nuevo desarrollo agroindustrial es la importancia creciente de las actividades de elaboración y comercialización. La comprobación de que esto es decisivo para adquirir partes estables de los mercados internacionales viene de Israel, que constituye un caso de éxito en los años setenta y representó un modelo para experiencias análogas en otros países. El extraordinario crecimiento de las importaciones logrado en los años ochenta y noventa por algunos países dependió de una planificación completa de todas las fases de transformación del producto, desde el productor original hasta el consumidor final. Por ejemplo, para las frutas y hortalizas de fuera de estación que han sido uno de los principales sectores de expansión de las exportaciones de Chile, se necesita planificar cuidadosamente sus temporadas para garantizar que lleguen a los mercados europeos precisamente en los intervalos entre estaciones en que no se dispone de productos locales, ni siquiera de productos de fuera de estación.
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