LA AGRO-INDUSTRIA Y EL DESARROLLO ECONÓMICO
Comercio e interdependencia de los sistemas nacionales agro-alimentarios
La región de América Latina y el Caribe ha conseguido una parte importante del mercado en los últimos 20 años gracias a la gran diversificación de su producción agrícola y al crecimiento dinámico de sus industrias de elaboración primaria, así como a la progresiva liberalización del comercio, factores que han permitido a esta región integrarse notablemente bien en los mercados internacionales. En cambio, la presencia de Africa en los mercados agro-alimentarios sigue siendo modesta, mientras que la pequeña parte de mercado correspondiente a los países de Europa central y oriental y la CEI muestra la dificultad de la integración de estos países en los mercados mundiales.
Las actividades del capital internacional en la agroindustria han alcanzado un nivel muy alto: de un total de 300 000 millones de dólares a que ascendió la inversión extranjera directa (IED) en 1995, se estima que 25 000 millones se destinaron a la industria agroalimentaria.
Una de las razones de la importancia creciente del comercio y flujo de capitales internacionales en la agroindustria ha sido el proceso de internacionalización, que se ha intensificado durante los dos últimos decenios y se ha manifestado en:
- una mayor interdependencia e integración de las distintas economías y sistemas agrícolas nacionales, favorecida en particular por la liberalización y apertura al exterior de los mercados internos y el establecimiento de zonas internacionales de libre intercambio;
- los rápidos progresos y difusión de las innovaciones tecnológicas;
- la tendencia a obtener productos más homogéneos para el consumidor con características normalizadas a nivel internacional, lo que está relacionado con un proceso aparentemente contrario de fragmentación del mercado, en virtud del cual los segmentos de mercado se multiplican mucho más rápidamente que en el pasado y, en lugar de limitarse a un único país, se extienden a nivel internacional
En el entorno actual de una competencia creciente en los mercados internacionales, las principales estrategias adoptadas por las empresas agroalimentarias han sido las de obtener, mediante adquisiciones de otras empresas que actúan en mercados exteriores, un nivel de competitividad que, en otras circunstancias, habría sido más costoso o arriesgado conseguir. En efecto, la industria agroalimentaria ha registrado desde comienzos de los años ochenta importantes adquisiciones, fusiones y acuerdos, cuya consecuencia principal ha sido el fortalecimiento de la concentración del mercado en numerosos sectores.
En el marco de una concentración creciente del mercado, las multinacionales han desempeñado una función de primordial importancia, fortaleciendo su posición en la mayoría de los sectores agro-alimentarios del mundo y basando su fuerza competitiva en altos grados de diversificación .
De una facturación total de 599 000 millones de dólares en 1990, los diez principales grupos multinacionales del sector agro-alimentario absorbían el 32 por ciento, y el mercado se concentra cada vez más en manos de unas pocas multinacionales.
La distribución geográfica de la industria está cambiando rápidamente. Los Estados Unidos, que eran el principal productor a comienzos de los años ochenta, perdieron terreno a lo largo del decenio y, a comienzos de los noventa, la UE había pasado al primer puesto, con una facturación de más de 600 000 millones de dólares, correspondiente a más del 35 por ciento del valor de la producción total. Sin embargo, la reducción de la supremacía estadounidense es menos acentuada por lo que respecta a los mayores holdings, ya que Cargill, Kraft, Pepsico y Coca Cola siguen a la cabeza de la industria, ocupando respectivamente los lugares primero, tercero, quinto y sexto de la clasificación mundial por facturación, mientras que la suiza Nestlé y la angloholandesa Unilever ocupan los lugares segundo y cuarto.
La necesidad de controlar el suministro de materias primas y la concentración creciente de la industria han creado un proceso de expansión basado en filiales extranjeras. Por término medio, las 100 primeras empresas controlan 15 filiales en el extranjero, pero las 13 empresas más internacionalizadas llegan a controlar hasta 42. Este proceso de expansión a través de filiales se ha desacelerado durante los últimos 15 años en lo que respecta a las empresas con sede en Estados Unidos, mientras que se ha acelerado en las europeas. Al mismo tiempo, ha aumentado el número y tamaño de las filiales situadas en países en desarrollo, mientras que ha ocurrido lo contrario en las situadas en Estados Unidos, Canadá y Europa continental.
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